La relación entre tecnología y trabajo: viejos problemas y nuevos efectos.

Maria Chiara Carrozza. The Biorobotics Institute Escuela Superior Sant’Anna

 

A las problemáticas expuestas anteriormente se añade la dificultad de la relación entre la automatización, inteligencia artificial y robótica y trabajo. Un conflicto antiguo que genera reacciones de rechazo de matriz neoludista, pero que hoy según algunos estudiosos pueden haber alcanzado un punto de crisis sin regreso, en el cual las maquinas verdaderamente tienen la potencialidad nunca alcanzada en el pasado de eliminar los puestos de trabajo y no balanceada con la capacidad de crear puestos de trabajo en otros sectores.

Algunos economistas ya han previsto el “fin del trabajo” 5 en 1995 y, más recientemente, Ford6 atribuye a la discontinuidad tecnológica ‘4.0’, que es portadora de una ulterior automatización industrial de los servicios, un potencial destructivo del número y de la calidad de los puestos de trabajo, capaz de romper los equilibrios en nuestra sociedad. Pero nosotros debemos ofrecer una connotación positiva porque presuponemos que debemos prepararnos y reaccionar a tales cambios. Frey y Osborne7 en 2013, de forma original e innovadora, han efectuado análisis precisos sobre el impacto de las “machine learning” y de la robótica sobre el cambio del trabajo, analizando también los detalles y, para cada profesión, las probabilidades de ‘computarización’, llegando al famoso gráfico que deja clara la distribución de los sectores de ocupación en función del nivel (bajo, medio o alto) de probabilidad de automatización a los cuales son susceptibles. Creemos que la metodología aplicada y presentada por ellos haya tenido el gran mérito de suscitar debate y atención en las instituciones internacionales como el World Economic Forum y el OCSE, así como también de gobiernos nacionales.

Un mensaje implícito transmitido por los economistas del trabajo que han estudiado estos temas consiste en los desafíos educativos que la competencia entre personas y máquinas implica: las máquinas realizan en modo automático algunas fases del trabajo, no solo físico sino también cognitivo, pero las personas, a través de la formación, superan las habilidades de las máquinas permaneciendo indispensables para desarrollar algunas tareas que no pueden ser realizadas por las máquinas. Es como si el estudio de Frey y Osborne hubiera puesto en evidencia la competencia entre las habilidades humanas y aquellas de la automatización, humanizando la máquina, casi como si fuera una especie de “competidor” del hombre, pero dando gran importancia a la formación. Para los conocedores de la literatura de ciencia ficción estamos en el regreso a las fantasías de Asimov, de Yo Robot, en el que tales problemas habían sido ampliamente anticipados. Tales visiones de competición, no son compartida en el mundo de los robóticos, muy concretos y pragmáticos; basta pensar que en el Positioning Paper recientemente publicado por la International Federation of Robotics8 (IFR), se intenta no solo dar una definición clara y unívoca de robot, distinguiendo entre el robot industrial y el de servicio que, sin embargo, responde con un análisis metodológico a los temores relacionados con el crecimiento de los robots en la industria y en la sociedad y con la presunta consecuente destrucción de puestos de trabajo.

La IFR sostiene que los robots tienen el único objetivo de aumentar la competitividad y la productividad de una industria, con una recaída esperada sobre la solicitud de los trabajadores más calificados, específicamente en el mundo de los servicios. La IFR afirma que el robot está destinado para mejorar y amplificar las potencialidades del trabajador, y sobre todo se pronuncia negativamente sobre el pago de impuestos de los robots, como ha sido propuesta por Bill Gates , porque existe el riesgo que tal impuesto pueda alentar los procesos de innovación con la potencial consecuencia de disminuir el número de puestos de trabajo y obteniendo el efecto contrario de lo que se propone el pago de impuestos. Finalmente el documento IFR expresa una fuerte recomendación a los gobiernos sobre la necesidad de inversiones en formación necesarios para enfrentar la sociedad de la cuarta revolución industrial. Podemos afirmar que, más allá de las controversias sobre el número de puestos de trabajo eliminados y su relación con la robótica, están de acuerdo sustancialmente en la importancia de la instrucción y de la formación continua.

En esta sede es oportuno recordar al respecto que uno de los trabajos menos en riesgo, según estos estudios, es precisamente el del profesor, por sus capacidades y competencias solicitadas, parece ser inmune de las posibilidades de ser sustituido por un robot. Pero debemos afirmar que el nacimiento de la formación a distancia, aunque si no elimina, seguramente influye profundamente en el modo de enseñar, porque ‘colectiviza’ las clases de calidad y pone a disposición lecciones de diferente longitud o totorales gratis y en línea que pueden ser utilizados prácticamente para ‘aprender todo’: desde ecuaciones a la preparación de alimentos gourmet, por lo que hace alta la competencia en el sector de la formación y reduce el ingreso marginal que se puede obtener de la oferta de los cursos de pago.

Volviendo a la relación entre las máquinas inteligentes y las personas, parece que actualmente la evolución más interesante esté relacionada a la conciencia que cada vez más las máquinas y los algoritmos toman decisiones en nuestro lugar, y eso sucede en los campos de aplicación más variados, como por ejemplo, en las discusiones en línea con asistentes virtuales que se relacionan con humanos en los ‘chat - bot’10, o bien en la guía autónoma de vehículos. Por lo tanto, podemos concluir que independientemente de su cuerpo, los sistemas inteligentes ‘deciden’ en nuestro lugar, después de haber recibido informaciones a través de sensores y elaboran los datos disponibles, calculando la mejor acción de emprender según el ‘esquema moral’ incorporado en el programa que ha sido ingresado al robot. Está claro que se perfila una nueva responsabilidad para el ingeniero que deberá introducir el esquema lógico de las acciones por emprender sobre la base de las evidencias empíricas que la máquina tiene a disposición, porque el programa se reflejará en el comportamiento del robot y en su relación con las personas y el daño potencial a la propiedad y a las personas que podrán resultar.

Ponencia desarrollada durante la celebración del Convenio “Quale anima per il lavoro profesionale” celebrado en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.