Hablar en público con eficacia

En algunos ámbitos culturales, a la oratoria (o arte de hablar con elocuencia) se le concede mucha importancia y forma parte de los planes de estudio ya en los primeros cursos escolares. En otros países, en cambio, apenas se recibe formación sobre cómo hablar en público. En cualquier caso, resulta esencial para la vida universitaria y profesional ser capaz de hacer una presentación, defender la propia postura, exponer un proyecto, etc.  Además, el dominio de la palabra (escrita y hablada) siempre ha sido un elemento distintivo de quienes tienen interés en compartir las propias ideas, embarcarse en proyectos comunes y mejorar la sociedad. La historia de la humanidad está marcada por grandes discursos (Pericles, Lincoln, Churchill, Luther King, Juan Pablo II...) que, con frecuencia, han supuesto un punto de inflexión en el rumbo de nuestro mundo.

Al preparar una comunicación para el UNIV Forum se tiene la oportunidad de exponer oralmente lo que previamente se ha estudiado y redactado por escrito. Hay que tener en cuenta que la redacción (escrita) y el discurso (oral) son dos géneros distintos, con sus reglas propias y, por tanto, si se quiere hacer bien no basta con salir al estrado y leer lo que se ha escrito. En general, además, no es bueno leer cuando se hace una exposición pública, sino que se debe hablar "sin papeles". Lo cual no significa que uno deba improvisar. De hecho, la mejor improvisación es la que se lleva preparada, es decir, cuando el discurso parece tan natural que nadie diría que ha sido preparado con tiempo y esfuerzo.

Además, el UNIV Forum ofrece la oportunidad de hacer la exposición en inglés. Cuando el propio idioma no es el inglés, esto tiene, desde luego, más dificultades, pero también más alicientes. Es un buen modo de relacionarse con estudiantes universitarios de otros países y culturas con los que posiblemente se comparte muchos más afanes y valores de los que uno podría esperar. El intercambio cultural, en las preguntas que se hagan o se reciban y en las conversaciones que pueda haber después de la sesión, es muy enriquecedor. No todos los días se tiene la oportunidad de hablar sobre los grandes temas culturales con personas tan variadas.

 

Algunos consejos para preparar la exposición oral de la comunicación:

  • Hacer un esquema de lo que se va a decir. Si es necesario, escribir por entero todo lo que se quiere decir. Este esquema contendrá lo esencial de la comunicación escrita. La duración total de la exposición será de 10-12 minutos y es muy importante ajustarse a ese tiempo. Al terminar habrá 3-5 minutos para preguntas del público. Extenderse más allá del tiempo permitido y seguir hablando cuando el moderador ha indicado que se ha terminado el tiempo hace ineficaz la comunicación, aunque nos parezca muy importante lo que vamos a decir, porque nos han interrumpido y habitualmente el público ya se ha cansado o está pendiente de la próxima exposición.
  • Puede ser útil emplear alguna ayuda como las transparencias, un esquema fotocopiado (o "hand-out") con las ideas o textos que se van a leer, o una presentación en Power Point. Pero esta ayuda habitualmente será secundaria y tendrá como función apoyar el discurso de quien está haciendo la presentación. Si no es así, ya no se trata de una presentación oral, sino de una presentación digital, que se podría haber grabado en vídeo. No es que sea malo hacerlo así, pero es distinto de aprender a hablar en público, donde uno debe enfrentarse al "directo" y ser capaz de interpelar a las personas a las que se dirige.
  • Habrá que decidir si la presentación la hace una sola persona del grupo o varias. Esto último es lo mejor (habitualmente no más de 2 ó 3), aunque requiere buena organización y coordinación.
  • Captatio benevolentiæ. Comenzar de modo que se capte la atención, el interés y se despierte el buen humor del público. El primer minuto es decisivo.
  • Tono de voz. Es preciso hablar alto y claro, de modo pausado, vocalizando. Esto dependerá de si se cuenta con micrófono o no. Habitualmente en aulas pequeñas no se usa micrófono y es necesario elevar la voz. Se puede preguntar al público: "¿Se me entiende bien?". 
  • Lenguaje. Hay que elegir bien las palabras que se van a utilizar, buscando sinónimos y los términos más efectivos.
  • Entonación y pausas. Es probablemente lo más difícil, pero también lo más importante al hablar en público. Una mala entonación puede hacer incomprensible un texto que, escrito, sería magnífico. Hay que ensayar leyendo en voz alta, de modo que se subrayen con la entonación las ideas principales, se marquen adecuadamente los giros en la argumentación y la puntuación (punto y seguido, punto y aparte, dos puntos, una enumeración, etc.). Es frecuente que no se respeten las pausas, por el nerviosismo, que lleva a acelerar el ritmo de la exposición (porque uno quiere terminar lo antes posible). Hay que procurar tener calma y mantener en la cabeza el esquema de la exposición, haciendo un pausa (que puede servir para respirar y tomar aire o beber) al final de cada párrafo y, sobre todo, al pasar de un apartado a otro. 
  • Si se utiliza un Power Point hay que ensayar bien cómo y quién va a pasar las diapositivas y qué se va a decir en cada momento. No es bueno mirar la pantalla y limitarse a leer el texto que hay escrito. Ni tampoco que el público se dedique a leer o mirar lo que hay en la pantalla en vez de escuchar a quien habla. El Power Point tiene que ser un apoyo, para resaltar ideas, hacer un esquema, poner alguna cita o texto, presentar gráficas o datos, presentar alguna imagen que ilustre lo que se está diciendo, etc. 
  • Interpelar al público. Un defecto frecuente es convertir una presentación en un monólogo, donde quien expone se olvida del público que tiene delante. Por eso, es de gran ayuda:
    • Mantener el contacto visual, paseando la mirada por el público y mirando a los ojos, aunque no de modo inquisitivo, sino amable, sin fijarla en una sola persona durante demasiado tiempo. 
    • Nunca mirar al suelo o ponerse de espaldas al público (hablando, por ejemplo, hacia la pizarra o el proyector del Power Point). Si resulta difícil mirar directamente al público, se puede elegir un punto al fondo de la sala  y dirigir la mirada a él.
    • Captar la reacción del público: sorpresa, aburrimiento, signos de no estar comprendiendo lo que se dice... De este modo se puede reconducir la presentación, cambiando la entonación, volviendo sobre alguna cuestión e, incluso, interpelando directamente al público con alguna pregunta (retórica o no).
  • Postura corporal. Además de con la palabra y la entonación, nuestros gestos también comunican. Habitualmente es mejor hablar de pie que sentado. Y también ayuda moverse tranquilamente por la sala para mantener la atención del público, acercándose a él cuando se le quiere interpelar de un modo más directo. La sonrisa, la mirada directa, el torso erguido, las manos fuera de los bolsillos, el movimiento pausado de las manos que acompaña a las palabras, evitar los brazos cruzados, etc. son elementos que ayudan a transmitir confianza y seguridad.
  • Llevar un esquema al que acudir si uno se pierde o se queda en blanco. Este esquema puede ser un pequeño papel que se tiene en las manos o unas hojas que se dejan en la mesa desde la que se habla.
  • Aprovechar los errores. Pronunciar mal una palabra, contar una broma de la que nadie se ríe, quedarse en blanco, etc. pueden aprovecharse para hacer un comentario que recupere la atención del público o nos permita resaltar la idea que queríamos transmitir.
  • Controlar el tiempo, llevando un reloj o poniéndolo en un lugar visible, o pedir a alguien que nos indique que hemos pasado la mitad del tiempo o que estamos en el último minuto.
  • Al comienzo, presentarse diciendo el propio nombre (y el de los demás miembros del grupo), el título de la comunicación (y otros datos relevantes), la universidad en la que se estudia y agradeciendo la oportunidad que se tiene de hablar y la presencia del público. Terminar agradeciendo la atención y ofreciendo una sonrisa.
  • Al responder las preguntas no se debe adoptar una actitud defensiva, ni siquiera cuando lo que se haya planteado sea una crítica a la exposición hecha. Hay que agradecer las preguntas, entender qué se ha preguntado y trata de responder del modo más preciso posible. Si hace falta, se reconoce que algo no se sabe o que puede haber sido un error.  La actitud apropiada es la de querer aprender y enriquecerse con las aportaciones del público. No es un concurso.
  • También cabe la posibilidad de preparar una presentación menos convencional, en la que se involucre más al público, o que tenga algo de teatral, por el modo en que intervienen los miembros del grupo o los efectos que se emplean (vídeo, música, etc.). Puede ser un éxito, siempre que se adapte al contenido de la comunicación y esté bien preparada. Si sale mal, habitualmente es mucho peor que una mala presentación convencional.
  • Ensayar y memorizar suelen ser los secretos de una presentación eficaz.