Desarrollo del Tema

En la juventud se vislumbra el mundo en su grandeza e imperfección. Durante los años universitarios, el asombro convive con la insatisfacción y sientes el impulso para el cambio junto a una inseguridad constante de éxito de tus esfuerzos. 

Es ahí donde se ponen en pie las cuestiones relevantes: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿qué quiero hacer? Se te abren perspectivas y horizontes: conoces quién eres tú, qué papel juegas en el mundo y te planteas cambiar la sociedad, hacerla mejor. 

Hace 50 años, esa misma inquietud llevó a un movimiento de contestación que derrumbó puntos de referencia y produjo profundas transformaciones sociales. Como todas las ideologías, tampoco el mayo del ’68 hizo justicia a la auténtica grandeza de la persona humana. Para ser eficaz, cada cambio de paradigma necesita reflexión, necesita escuchar la verdad más profunda del corazón humano. Si no, la “revolución” termina en el caos y en escombros. ¿Eres un rebelde, un inconformista, un héroe? Es ahí, en la universidad, con los amigos, en la calle, donde descubres tu vocación profesional, tu vocación social, tu vocación familiar, tu vocación divina y descubrirás que, desde ese sitio, puedes convertirte en protagonista de la historia. 

En mayo del ’68, los jóvenes del mundo explotaron una “revolución del deseo”, en la que los argumentos basados en preceptos divinos, principios de ley natural, conceptos metafísicos o criterios empíricos perdieron su fuerza. La juventud quería florecer, quería desplegarse para desear a lo grande y para ello, se plantean romper con todas las barreras que los prejuicios, los tabúes y las tradiciones habían montado. Llegó el momento de abrirse, dejar toda represión para ser tú mismo.

Tras 50 años de revolución del deseo, ¿se puede decir que hoy los jóvenes desean más a lo grande? ¿podemos afirmar que ya no hay represión, que el joven se abre en toda su plenitud con toda su libertad? ¿Podemos afirmar que la sociedad que habitamos, que edificamos, que cultivamos, está colmando todos nuestros deseos de amor, de esperanza, de plenitud? 

Con la irrupción de Internet, el deseo encuentra un nuevo horizonte revolucionario para la satisfacción. Y como guinda de la explosión desiderativa, hablar de “verdad” no tiene sentido, lo único que importa es lo que deseo, lo que deseas y nos entendemos, aunque me mientas. ¿Pero eso es realmente desear a lo grande? ¿Eso es una auténtica empatía? ¿Esta es la auténtica apertura a la que aspira el ser humano?

Repensar el futuro es disponer el mundo para desear a lo grande con autenticidad, con originalidad, es decir desde el origen. El futuro será de los jóvenes si están dispuestos a abrirse con sinceridad a su propio origen y así ser originales. De la originalidad crearemos en unidad el mundo que deseamos.